NBA ¿Clásicos en horas bajas?

Borja Pérez

De las grandes ligas americanas -NFL, MLB, NHL y NBA- quizás sea esta última la que más cambios haya sufrido últimamente. Todas han superado crisis galopantes: falta de espectadores, huelgas de jugadores, casos oscuros relacionados con la mafia… (De hecho, la NBA está recuperándose de una herida reciente que relaciona a algunos árbitros con la compra de partidos), pero a partir de los 90, y especialmente a partir de la retirada de Michael Jordan, la liga de baloncesto americana ha experimentado una transición. El primer movimiento serio (y alarmante) ha sido el cambio de mentalidad de los equipos. El show-time -el juego espectacular y vistoso que representaban mejor que nadie los Lakers de Magic en los años 80-, las canastas imposibles y los tiradores de tres puntos con licencia para fallar han pasado a mejor vida. La táctica ha podido con el talento, los jugadores físicos -descripción bajo la que se suelen esconder baloncestistas que defienden por agresivos, no por saber defender- pueblan los equipos, los tanteadores bajos son una realidad diaria… Es el triunfo del músculo por encima del cerebro. La NBA exige culturistas frente a gente que sepa colocarse para cazar un rebote; vemos más mates sí, y cada vez más estratosféricos, pero también vemos a bases incapaces de dirigir el juego de su equipo, por ejemplo. Esta tendencia se ha extendido por la liga como un buen rumor y ha tenido una incidencia mayor en cuatro de los equipos más legendarios de la liga (Celtics, Knicks, Lakers y Bulls): el que menos, lleva cinco años sin conseguir un anillo de campeón. El segundo cambio está muy relacionado con el anterior: la NBA ha buscado en el extranjero lo que no encontraba en su propia casa. Así, si antes las universidades de Duke, Carolina del Norte o Kentucky eran las que proporcionaban las estrellas de cada generación: Bill Russel en los años 60, Magic en los 80 y Jordan en los 90, ahora los jugadores más sobresalientes de la liga son Dirk Nowitzki, Tony Parker o Pau Gasol, todos venidos de Europa y con fundamentos que parecían olvidados en la liga americana: botar, pasar, tirar; en definitiva, jugar al baloncesto. Aleros muy atléticos con grandes aptitudes para los tapones o escoltas anotadores que penetran y acaban machando el aro hay cientos en EE. UU., pero no busques un base que lea los partidos y que tenga tiro exterior o un pívot que sepa jugar de espaldas al aro y interprete bien los 2 contra 1. Para eso, la NBA ha tenido que mirar en Europa y ha encontrado una mina de oro: Tony Parker ya lleva tres campeonatos de la NBA, siendo elegido MVP de las finales del último que conquistó y Nowiztki ha sido elegido MVP de la temporada. En horas bajas Todos estos cambios de dirección se han agudizado en los últimos ocho años. En ese tiempo algunos equipos han sabido adaptarse mejor que otros, con lo que franquicias con poca tradición -como los San Antonio Spurs- han tenido más peso específico en la liga. ¿Y qué pasa con los clásicos? Se podría decir que en mayor o menor medida están pasando por tiempos oscuros. Los Lakers, Celtics y los Bulls han tenido que superar la jubilación de sus estrellas en los años 90 (Magic, Bird y Jordan respectivamente), pero sólo los angelinos han disfrutado de años de triunfos. ¿Qué pasará este año? ¿Mantendrán los bsu regularidad de la última campaña? ¿Podrá manejar Boston a tres jugadores franquicia como Ray Allen, Kevin Garnett y Paul Pierce y llegar por fin a una final de la NBA? ¿Abandonará Kobe los Lakers? ¿Los Knicks seguirán su trayectoria errática? La respuesta una líneas más abajo ¿De dónde vienen los 'Celtics'... La mayoría de la gente piensa en Larry Bird (ya se sabe: bigote y pelo rubio, pantalones cortos típicos de los 70-80, excelente en casi todos los aspectos del juego, una espíritu competitivo fuera de lo normal…) como el paradigma de los Celtics, pero quien creó la leyenda de los de Massachussets fue Bill Russell, el ‘Señor de los Anillos’ de la década de los 60, como es conocido. Bill fue un adelantado a su tiempo: con sus 2,06 y unas manos que podrían eclipsar el sol, cambió por completo el concepto defensivo de la NBA. Su irrupción en la liga revirtió una situación casi agónica para los Celtics (a los que les costaba sangre, sudor y lágrimas tener un balance positivo de victorias-derrotas), consiguiendo el campeonato en su primera temporada -1956-. Con su dominio abrumador bajo los aros -llegó a coger 50 en un partido-, Russell consiguió 10 títulos de la NBA más, ocho de ellos seguidos (1961-1969) y que el parqué del Boston Garden fuera uno de los iconos televisivos de la década de los Beatles. Además de Russell, los años mágicos fueron realidad gracias a la magnífica pareja de hecho formada por Bob Cousy -lider de asistencias de la liga entre 1953 y 1960- y Bill Sherman -8 veces All-Star-, o los puntos de John Havlicek -sexto máximo anotador de la NBA de la historia con 26.395 puntos-. Esa buena estrella continuó durante la primera mitad de los años 70, pero se fue apagando en la última mitad de esa década. No fue hasta la llegada de Bird cuando la franquicia despuntó de nuevo. La historia se repetía, el trébol de los Celtic volvía a dar suerte a un equipo que no igualó la gesta de Russell & Cia, pero que pudo disfrutar de tres anillos más (1981, 1983 y 1986): Bird lideraba un conjunto de magníficos jugadores donde destacaban la dirección de juego de Dennis Johnson, los movimientos elegantemente torpes de Kevin McHale o los tiros saliendo desde bloqueo de Danny Ainge. bpodría haber iniciado otra dinastía en los 80, pero su rivalidad con los Lakers del ‘show-time’ y de Magic y las lesiones de Bird y McHale les impidieron hacer todavía más. ... y hacia dónde van? Gran parte de las dificultades de los Celtics en los años 90 vienen por no haber podido sustituir la figura de Red Auerbach(que consiguió 9 títulos en 16 años como entrenador y se mantuvo como presidente hasta 1997). En 2003 Danny Aingie tomó las riendas de una franquicia sin identidad y sin pabellón (el Boston Garden, con su público pegado a los jugadores y sus columnas que no dejaban ver el partido, pasó a mejor vida y los Celtics inauguraron el nuevo Fleet Center –ahora TD Banknorth Garden- en 1995). Su labor como ‘General Manager’ ha sido muy criticada: las idas y venidas de Antoine Walter, la búsqueda inconclusa de un pívot de garantías… Pero este año parece que las cosas pueden cambiar. Los Celtics han hecho dos fichajes que pueden catapultarle hasta una final de la NBA: Kevin Garnett –músculo y calidad– y Ray Allen –la suspensión más elegante de la liga–, ambos con años de experiencia en la NBA y cuyo rendimiento puede ser clave para ayudar al ‘llanero solitario’ Paul Pierce, un jugador extraordinario que nunca ha tenido un equipo de garantías. Sólo queda la duda de si el entrenador, Doc Rivers, será capaz de manejar este vestuario en el que ahora hay tres superestrellas, y sus respectivos egos, y encontrar un base cerebral y pasador -especie extinguida en EE. UU.- que reparta el juego entre tanto jugador con posibilidades de anotar. ¿De dónde vienen los 'Lakers'... Los Lakers -literalmente: ‘los del lago’, se establecieron en la soleada California en 1960 huyendo del frío de Minessotta. Los dueños no quisieron cambiar el nombre pese a que en California no hay ni un solo lago. George Mikan –con quien los Minessotta Lakers ganaron la liga, todavía no NBA, en 1949, 1950, 1952, 1953 y 1954– ya no estaba en el equipo y los angelinos no pudieron ganar un anillo hasta 1972 y eso que contaba con jugadores por los que hoy muchos matarían, como Elgin Baylor, Jerry West y, sobre todo, ‘The Big Diapper’ (la Osa Mayor) Wilt Chamberlain -sí, el de los 100 puntos en un partido-. Ese gran equipo casi se fue de vacío de la recién nacida NBA, lo que casi le ocurre a otro de los iconos del baloncesto: Kareem Abdul-Jabbar, sólo la presencia de un ‘rookie’ llamado Irving Johnson y apodado ‘Magic’ acabó con la sequía de los Lakers, ganando siete años el segundo título de la franquicia. Con Magic -un base de 2 metros-, el jugador más versátil de la historia del baloncesto, Michael Cooper -del que Larry Bird llegó a decir que era el mejor defensor que existía- o James Worthy, que machacaba a una mano todos los pases de Magic, se conformó un sólido bloque que dirigía desde el banquillo Pat Riley. Fue la época del baloncesto espectáculo, del contraataque imprevisible. Los Lakers de Magic ganaron cinco anillos en un periodo de ocho años e hicieron que muchos chavales se pusieran la camiseta amarilla con el número 32 e intentaran dar pases sin mirar. Puro ‘Show Time’. Tras la retirada de Magic en 1991 por haber contraído el virus VIH el equipo acusó el golpe y no levantó el vuelo hasta la llegada de Shaquille O’Neal, Kobe Bryant y Phil Jackson. ... y hacia dónde van? Los Lakers actuales están buscando el camino a la victoria que perdieron con la marcha de O’Neal a los Heat de Miami. El equipo californiano fue el mejor del final del siglo XX y su clave fue la fue la llegada de Phil Jackson, que tras su estancia en Chicago, tenía fama de conseguir crear equipos ganadores con los mimbres adecuados. En Los Ángeles tenía todo lo que necesitaba: un pívot dominante y en plena posesión de sus recursos, como O’Neal, un escolta como Kobe Bryant capaz de hacer cualquier cosa sobre una cancha y otros jugadores que complementaban el ‘triángulo ofensivo’ con el que organiza el ataque (básicamente centrar el ataque en dos jugadores e utilizar la amenaza de un jugador exterior solvente, pero poco dado a jugarse balones por si mismo, que recoja las migajas de los otros dos). Sus tres campeonatos seguidos (2000-2002) daban pábulo a todo tipo de especulaciones: la vuelta del espectáculo, Kobe como sucesor de Jordan. Los buenos tiempos se acabaron en 2002, aunque la columna vertebral del equipo se mantuvo, los problemas internos entre O’Neal y Bryant, la acusación de violación de éste o las declaraciones en la prensa de unos y otros acabaron con la química del vestuario. Desde entonces, cada uno hace la guerra por su cuenta: Shaquille se revindicó ganando el anillo en Miami, mientras que Kobe y Jackson parecen haber enterrado definitivamente el hacha de guerra. ¿Han vuelto los triunfos? Desgraciadamente para sus aficionados no, y parece que la crisis de resultados no se solucionará este año: Kobe sigue y hará estadísticas estratosféricas como en el curso pasado (por ejemplo: anotar 50 puntos o más durante cuatro partidos seguidos, igualando a Chamberlain), pero el resto del equipo no acompaña en exceso. De momento están muy lejos del título y a años luz del ‘show-time’, excepto cuando Kobe pone la directa, lo que no ocurre siempre. ¿De dónde vienen los 'Bulls'... Pensar en Chicago es pensar en el mejor baloncestista de la era moderna, Michael Jeffrey Jordan. Sin él, los Bulls siempre sólo habían alcanzado las semifinales de su conferencia. Con su presencia, se convirtieron en una máquina perfectamente engrasada que batió el récord de victorias en temporada regular (72) y que desplegaba un juego prácticamente imparable. Los Bulls fueron los reyes en los años 90, cuando conquistaron sus seis anillos casi de manera consecutiva (1991-1993, 1996-1998). Cabe pensar que si Jordan no se hubiera pasado dos años probando el béisbol, esos seis hubieran sido ocho títulos. Nunca se sabrá, pero lo que sí es cierto es que no hay historia de los Bulls sin Jordan, pero tampoco sin Pippen, Dennis Rodman, Toni Kucok… ... y hacia dónde van? Sigue mejorando. Como si de un paciente se tratara, Los Bulls van dando año a año pasos adelante. Las temporadas posteriores a Jordan fueron un completo desastre y la labor de John Paxon –antiguo compañero de Jordan y Pippen- fue puesta en duda desde ese día. Un par de malas campañas después, a los Bulls llegó un extraordinario jugador directamente desde el Draft, se trataba de Elton Brand o ‘Mr. 20-10’ como se le conoce en EE. UU. -su regularidad le lleva a meter 20 puntos y capturar 10 rebotes casi por partido-. Los aficionados del United Center recibieron a Brand como el nuevo Mesías, pero no era Jordan y el equipo no despuntó. La temporada siguiente se traspasó a Brand y empezó un carrusel de traspasos en el equipo, como si probando con muchas soluciones se encontrara la definitiva. En uno de esos bandazos los Bulls consiguieron hacerse con los servicios de los ingleses de adopción Ben Gordon -especialista en ganar los partidos igualados con canastas decisivas- y Luol Deng -un defensor muy completo-, que completaron la buena dirección de juego del base Keith Heincrich. El equipo se ha terminado de formar con Ben Wallace -jugador algo sobrevalorado, pero al fin al cabo dos veces mejor defensor de la NBA- y la garra y versatilidad de Andrés Nocioni, siendo una apuesta muy sería para las finales del este. Si tuvieran un pívot o ala-pivot anotador (como Pau Gasol, al que a punto estuvieron de fichar la temporada pasada) podrían acercarse ser un candidato a ganar la liga. ¿De dónde vienen los 'Knicks'... Los New York Knicks -en un principio ‘knickerbockers’, literalmente ‘pantalones cortos’- son uno de los misterios del baloncesto americano: han tenido grandes jugadores, buenos equipos, entrenadores solventes y el público más fiel; pero esa misma hinchada sólo ha visto dos títulos en 61 años de historia. Los Knicks son al baloncesto lo que a la mitología griega era Sísifo: muchas veces han tenido el anillo de la NBA bailando entres sus dedos, pero casi nunca han conseguido el trofeo. Su primera buena época fue entre 1967 y 1968, cuando contrataron a Walt Fraizer, Bill Bradley y David DeBusschere, que sumado a Willis Reed conformaban un equipo muy potente. En 1970 y tras una extraordinaria campaña (60-22 en temporada regular) en la que superaron a todos sus rivales -Lakers incluidos- consiguieron su primer campeonato de la NBA y una gesta que, por la trayectoria errática de la franquicia, parecía imposible. En 1973, con los refuerzos de Jerry Lucas y Earl ‘La perla’ Monroe, los Knicks lograron su segundo anillo. Después de aquello, en el Madison se volvió a lo de siempre: decepción tras decepción. Hasta que la llegada de un joven Patrick Ewing convirtió a los Knicks en una franquicia aspirante a las finales, Jordan lo impidió en cada ocasión (algunos de sus mejores partidos de ‘Su majestad’ los jugó en la ciudad de los rascacielos, lo que le valió el odio-admiración de los habituales de los Knicks). Posteriormente, los Knicks han llegado a dos finales más: 1993 y 1999 -la temporada del ‘lockout’ o cierre patronal- en cada ocasión fueron arrollados sin muchos miramientos por Hakeem Olajuwon y sus Rockets primero y por los Spurs después. ... y hacia dónde van? En Nueva York suelen decir que los Knicks consiguen que los psiquiatras nunca tengan un día libre. Como equipo han acabado con los nervios de aficionados de todas las épocas con sus continuos fracasos y, últimamente, se han sobrepuesto a un entrenador como Jeff VanGundy, tan obsesionado por por los más nimios detalles del juego que traslada todas sus rarezas a los jugadores, desquiciándolos completamente. Su día a día desde entonces no ha sido mucho mejor: cambios de entrenador, traspasos… Su mejor resultado desde 2003 ha sido caer en primera ronda de playoff. Todo este desastre señala al presidente ejecutivo Isiah Thomas -dos veces ganador de la NBA como jugador con los Pistons- como el máximo culpable. Este año él vuelve a ser el entrenador del equipo (su anterior periplo con los Knicks o con los Pacers de Indiana fue de todo menos brillante). Ha contratado a Zach Randolph como máxima estrella -no precisamente muy conocido por su regularidad- y mantiene el juego exterior que forman Nate Robinson y Stephon Marbury -dos jugadores capaces de meter 50 puntos en un partido y 0 en el siguiente-. Poco queda de los Knicks corajudos de los años buenos (el año pasado tenían la plantilla más cara de la liga: 125 millones de euros, pero fueron el peor equipo en el balance victorias-derrotas, con 23-59) y ni siquiera se mantiene una mínima esperanza de que algo pueda cambiar próximamente, pero nunca se sabe. De momento, un eminente aficionado como Woody Allen va a darle otro año de tregua a los Knicks, antes de irse a Lourdes.