Los Juegos Olímpicos de París 1900

Historia de los Juegos Olímpicos

Jorge Corrales

“Ha sido un milagro que el movimiento olímpico haya sobrevivido a estos Juegos”, afirmó el Barón Pierre de Coubertin, creador de los Juegos Olímpicos modernos y, por aquel entonces, presidente del Comité Olímpico Internacional –COI-. El principal culpable de tan desolador balance fue algo completamente ajeno a los Juegos Olímpicos: la celebración de la Exposición Universal en la capital francesa durante todo aquel año. Debido a ello, además de alcanzar una duración récord en la historia olímpica (nada menos que ¡cinco meses y medio!: entre el 14 de mayo y el 28 de octubre), los Juegos quedaron totalmente diluidos –a lo que se añadió el desinterés total de los parisinos por las pruebas deportivas- entre la gran multitud de actividades que ofrecía la Expo. Y es que, el movimiento olímpico tuvo que ‘tragar’ ante la presión, tanto de la opinión pública como de los dirigentes franceses, empeñados en convertir los Juegos en una mera extensión de la Exposición. Todo ello en una ciudad que estaba más preocupada por la construcción del Metro y de su nuevo entorno metropolitano, o de hacer de París un lugar donde se unieran un estilo mundano de vivir y el lujo, que de los ideales olímpicos. En muchas ocasiones, los participantes ni siquiera sabían si estaban compitiendo en una actividad más de la Expo o en una prueba olímpica, ya que éstas se presentaban como concursos, festivales y reuniones internacionales, sin ningún tipo de nexo en común entre ellas y casi siempre con una inscripción abierta. Esto provocaba que, tanto los deportistas amateurs -a quienes, básicamente, se dirigían los Juegos- como los profesionales, compitieran mezclados en las pruebas (incluso se promovía para aumentar la curiosidad del público), con el consiguiente disgusto del Barón de Coubertin, ya que esto destruía una parte muy importante de los ideales olímpicos. Además, la polémica era continua, ya que no existía una normativa oficial, y si existía, se anulaba o reinventaba a conveniencia de unos cuantos. Sin embargo, de esta edición también se puede salvar alguna cosa positiva. La primera y más importante es que, pese al temor de muchos, los Juegos sobrevivieron a semejante desprestigio y pisoteo de sus valores. La segunda es que, por primera vez (aunque con la desaprobación de Coubertin), hubo participación femenina. La tercera, afecta a los españoles en exclusiva, ya que en París se conquistó la primera medalla olímpica para el deporte español. La logró Pedro Pidal, al ganar una plata en la prueba de tiro al pichón. Además, extraoficialmente y en pelota vasca, una de esas competiciones que no estaba muy claro si formaban parte de los Juegos o no, los pelotaris Amezola y Villota lograron el oro en el torneo de frontón largo. Sin duda, este enorme fracaso debió golpear muy duramente a Coubertin quien, tras lograr recuperar los Juegos de la antigüedad, había conseguido llevarlos, por puro empeño personal y con muchas dificultades (el Comité Olímpico Griego defendía que los Juegos debían celebrarse a perpetuidad en Atenas), a su ciudad de origen. El héroe de los juegos: RAY C. EWRY Ray Ewry Este saltador estadounidense, conocido en su tiempo como ‘el hombre de goma’, inició en París una serie de éxitos olímpicos que le llevarían a conquistar, entre las ediciones de 1900, 1904 y 1908, un total de ocho medallas de oro. Pero, lo más increíble de esta hazaña, es la historia personal de Ewry: había sido paralítico de niño. Sin embargo, a través de una serie de ejercicios que el mismo ideó, logró recuperar la movilidad y la elasticidad en las piernas y dotarlas de tal fuerza que su superioridad sobre el resto de competidores era abrumadora. Ewry, que competía en las pruebas de salto sin impulso, se impuso en tres modalidades en París: altura, longitud y triple salto. En Saint Louis 1904 volvió a revalidar sus títulos en esas tres mismas pruebas y, en Londres 1908 y ya con 35 años, logró otros dos triunfos en altura y longitud (el triple salto desapareció del programa en esa edición). En muchas clasificaciones es considerado como el atleta que más medallas de oro ha ganado en la historia de los Juegos, debido a que a los ocho oros ya mencionados, se añaden los dos conseguidos en la cita olímpica no oficial de Atenas 1906, organizada por la ciudad helena para conmemorar el décimo aniversario de la restauración de la Olimpiada. Records y curiosidades - El norteamericano Alvin Kraenzlein ganó en cuatro pruebas: 110 m y 200 m vallas, 60 metros lisos y salto de longitud. En atletismo, su récord de cuatro victorias en pruebas individuales (otros lo han logrado corriendo las pruebas de relevos) no ha sido igualado todavía por nadie. - La tenista británica Charlotte Cooper fue la primera campeona olímpica de la historia. - Tal era el desinterés de los franceses por estos Juegos que ni siquiera se construyó un estadio olímpico para el evento. Por ello, se tuvieron que utilizar las pistas del velódromo de un club de París, el Racing Club. - La prueba de la maratón fue un desastre total: el recorrido de la prueba se cambió poco antes del comienzo, el norteamericano que iba en cabeza fue atropellado por un coche, la pista de atletismo tenía baches y estaba en muy mal estado… - En lugar de medallas, a los vencedores se les obsequió por su triunfo con los más pintorescos objetos (guantes, bastones…), la mayoría procedentes de donaciones particulares ya que la organización se había despreocupado de ese asunto: muchos atletas se negaron a aceptarlos. - Los deportistas alemanes tuvieron que pasar su primera noche en París a la intemperie ya que la organización se había olvidado de reservarles alojamiento. - La Exposición Universal ensombreció tanto estos JJ.OO. que no hubo ni siquiera cartel oficial. Tan sólo se realizaron algunos que hacían referencia a concursos muy determinados, y todos ellos dentro del marco de la Exposición, aunque en realidad pertenecieran a los Juegos. PEDRO PIDAL: primer medallista español Pedro Pidal y Bernaldo de Quirós (Somió, Gijón, 1870-1941), Marqués de Villaviciosa, fue un personaje muy polifacético. Además de ser el primer medallista olímpico español, fue escritor; cazador; montañero; escalador; diputado; senador; periodista y abogado. Estudió leyes y, desde muy joven, se dedicó a la política, siendo elegido en 1896 diputado a las Cortes por la localidad asturiana de Belmonte de Miranda, escaño que revalidaría en Luarca –Asturias- y Mondoñedo –Lugo-. Tenía un fuerte sentimiento patriótico, religioso y de amor por la naturaleza (fue el gran propulsor de la creación de los dos primeros Parques Nacionales de España: el de Montaña de Covadonga y el de Ordesa, en 1918). Cuatro años después de su gesta parisina, llevó a cabo otra que le concedió aún más popularidad: el 5 de agosto de 1904, y acompañado de Gregorio Pérez, llegó a la cumbre del Naranjo de Bulnes (Cabrales, Asturias), ascensión que anteriormente habían intentado sin éxito numerosos escaladores tanto españoles como extranjeros. Pidal falleció en 1941 y sus restos reposan, a petición propia, en el Mirador de Ordiales (Parque Nacional de Covadonga). Hasta allí fueros trasladados por una larga comitiva de montañeros que se alternaron para transportarlos. Países y medallero El caos fue tal que ni siquiera existe una cifra fiable acerca del número de países y atletas participantes, o del número de deportes que formaron parte del programa olímpico (aunque según datos del Comité Olímpico español fueron 997 atletas, de los que 975 eran hombres y 22 mujeres, representando a 24 países, los que compitieron en 18 modalidades deportivas). Los franceses simplemente arrasaron en el medallero.