Los Juegos Olímpicos de Saint Louis 1904

Historia de los Juegos Olímpicos

Jorge Corrales

Tras el batacazo de París, los Juegos siguieron sin recuperarse de su crisis de identidad… y sin aprender la lección. Se celebraron en la que, por aquel entonces, era la capital del estado de Missouri: una pequeña pero influyente ciudad donde se concentraba el comercio del algodón y que mantenía una gran actividad comercial ¡pero coincidiendo de nuevo con una Exposición Universal! De hecho, estos Juegos fueron en realidad una mera excusa para promocionar la ciudad, y los actos deportivos se convirtieron, en la práctica, en una sencilla fórmula para atraer la atención sobre las distintas ferias que acogía Saint Louis durante aquellos meses. Tal vez por ello, ni siquiera el mismísimo barón Pierre de Coubertin acudió a presenciar estas Olimpiadas. Los de Saint Louis fueron, al menos, unos Juegos tan extravagantes como los celebrados en París cuatro años antes. En primer lugar, volvieron a tener de nuevo una duración tan desproporcionada (cuatro meses y medio: desde el 1 de julio hasta el 23 de noviembre), que ya casi de inicio estaban condenados al fracaso. Además, en el programa tenían cabida ‘deportes’ tan peculiares como las canoas motorizadas o la escalada a la cuerda (otros como el golf y el baloncesto se disputaron fuera de programa) y, por primera y única vez, se utilizó la yarda como sistema de medida. A esta excesiva ‘americanización’ (también se disputaron deportes como el lacrosse, totalmente desconocido en Europa), se unió el hecho de que los Juegos de Saint Louis se acabaron convirtiendo en un gran negocio en el que el aspecto económico tenía más importancia que el deportivo, lo que fue duramente criticado por el propio Coubertin. Por si fuera poco, los americanos no lograron convencer a demasiados países –parece ser que tampoco se esforzaron demasiado por conseguirlo-, para que participaran en los Juegos: tan sólo compitieron en ellos 42 atletas no estadounidenses. Especial relevancia adquirió la deserción de las potentes naciones europeas, ya que la mayoría pensaron que no merecía la pena cruzar el Atlántico para participar en unos Juegos. Así, solo siete países del viejo continente (Francia, Alemania, Gran Bretaña, Hungría, Grecia, Suiza y Austria) se desplazaron hasta Saint Louis. Ya en lo estrictamente deportivo, hay que resaltar que fue en estos Juegos en los que se introdujo la tradición de premiar a los tres primeros clasificados con las respectivas medallas de oro, plata y bronce (en esta edición si algo sobraba, era precisamente dinero). En atletismo, sólo dos no estadounidenses vencieron en alguna prueba de esta edición: fueron el británico Thomas Francis Kiely, quien se impuso en decathlon -que era nuevo en los Juegos-, y el canadiense Étienne Desmarteau, que ganó el lanzamiento de peso de 56 libras. Además, dos deportes que con el paso del tiempo se convertirían en clásicos de los Juegos, la lucha libre y el boxeo, se estrenaron en Saint Louis como deportes olímpicos. Iban a celebrarse en Chicago Coubertin había decidido, tras la celebración de las dos primeras ediciones en Europa, que el movimiento olímpico debía ampliar sus fronteras y explorar nuevos continentes. Estados Unidos fue el país elegido para ello y dos ciudades, Chicago y Saint Louis, fueron las únicas que presentaron su candidatura. En primera instancia, Chicago fue la ciudad seleccionada para la celebración de la III edición de los JJ. OO.: el COI se decantó por ella debido a su excelente oferta económica, que aseguraba unos ingresos cercanos a los 200.000 dólares. Sin embargo, Saint Louis no se dio por vencida. Con la excusa de que se conmemoraba el centenario de la cesión, por parte de Francia, de los territorios de Louisiana a Estados Unidos, preparó una exposición universal y amenazó con montar una competición paralela. Chicago seguía siendo la preferida del COI, más aun teniendo en cuenta el enorme fracaso que supuso la coincidencia de la Expo Universal con los Juegos en París. Pero, debido a problemas de organización, Chicago pidió retrasar los Juegos hasta el año 1905, algo que iba en contra de lo establecido en la Carta Olímpica. Finalmente, se solicitó el arbitraje del mismísimo presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt, quien tomó la decisión de que Saint Louis fuera la sede de esta tercera edición. Racismo La celebración de las ‘Jornadas antropomórficas’ ha sido, probablemente, uno de los hechos más vergonzosos de la historia del olimpismo (aunque hay que tener en cuenta que, en esta época, el COI no tenía autoridad para regular este tipo de espectáculos, sino que era la ciudad organizadora la que coordinaba estos actos). Se celebraron dentro de las instalaciones olímpicas y se consideraban un complemento de los Juegos. En ellas, un grupo de personas que representaban a las razas exóticas e ‘inferiores’ -negros, mestizos, enanos, pigmeos, indios sioux, árabes e igoratas de Filipinas, sirios...- y que habían sido llevados a Saint Louis desde distintas ciudades estadounidenses, eran exhibidas realizando actividades deportivas propias de su país, o practicando disciplinas olímpicas. El propio barón de Coubertin calificó con dureza esta iniciativa: “Ha sido un espectáculo bochornoso”. Héroes y curiosidades El estadounidense Archie Hahn, más conocido como el ‘meteoro de Milwaukee’, ganó las competiciones de los 60 m, 100 m y 200 m lisos, fijando el récord olímpico de esta última especialidad en 21,6 segundos. Este récord perduraría durante 28 años. En la prueba del lanzamiento de disco, los estadounidenses Martin Sheridan y Ralph Rose empataron en la final: ambos lanzaron el el disco a 39,28 metros Los jueces decidieron que debía haber un desempate: finalmente se impuso Sheridan. Nada menos que tres atletas lograron seis medallas en esta edición de los Juegos. El gimnasta estadounidense Anton Heida logró cinco victorias: en potro con arcos, barra fija, salto largo, combinado y sexatlón por equipos, además de un segundo puesto en paralelas. Por su parte, George Eyser logró tres victorias: fue en las pruebas de sexatlón por equipos, paralelas y ¡escalada de cuerda de 25 pies! También ganó dos medallas de plata en salto largo y potro con arcos y una medalla de bronce en barra fija. Mientras que en ciclismo, Dowling consiguió dos medallas de oro (en 2 y 25 millas), tres de plata (en las pruebas de una milla, y de cuarto y tercio de milla) y un bronce (en la media milla). Fred Lorz se impuso, a priori, en la prueba de maratón. Pero fue descalificado cuando los jueces descubrieron que parte de la carrera la había realizado montado en un carro. Récords y participantes En casa y ante la falta de competencia (sólo participaron 12 países), Estados Unidos arrasó en esta edición de los Juegos. A ellos acudieron muy pocos atletas en comparación con la anterior edición: 687 –un tercio menos que en París-, que compitieron en 17 deportes. El aspecto positivo es que se asentó definitivamente la participación femenina: en Saint Louis compitieron seis mujeres.