El tenista más grande de todos los tiempos

La Leyenda: Rod Laver

Raúl del Campo

A lo largo de la historia ha habido muchos grandes tenistas. Curiosamente, el más grande de todos es uno de los más desconocidos para el gran público. Para muchos entendidos es el mejor tenista de la historia. ¿Estás de broma? Pero, si apenas he oído hablar de él, pensarás. Es cierto. Y seguramente tampoco habrás visto muchas imágenes de su época de jugador (incluso en youtube es difícil encontrarlas). Y, sin embargo, Laver es una leyenda en su país natal, Australia. Así, por ejemplo, el recinto donde cada año se disputa el Open de Australia, primer ‘grande’ del año, lleva su nombre. ¿Sigues sin estar convencido? Bien, pues repasemos su historial. Laver ha sido el único tenista que ha conquistado dos veces -1962 y 1969- el Grand Slam, es decir, ganar los cuatro torneos ‘grandes’ en el mismo año. Además, conquistó 163 títulos individuales (lo que supone un récord absoluto, superando ampliamente los 109 de Jimmy Connors) a lo largo de su extensísima carrera -15 años, entre 1960 y 1975-. También venció en innumerables torneos de dobles y dobles mixtos; se mantuvo durante 16 años -hasta las 37 primaveras- entre los diez mejores del mundo, ganó cinco Davis y once torneos de Grand Slam (a sólo tres del récord absoluto de 14 que posee Pete Sampras)... ¡Y eso que no pudo participar entre 1963 y 1968 en este tipo de torneos porque se pasó al profesionalismo! Rod Laver (9 de agosto de 1938, Rockhampton, Australia) fue en su época lo más parecido a lo que es hoy en día el suizo Roger Federer: una máquina de aplastar rivales. Logró gestas que después no han conseguido igualar ninguno de los tenistas más grandes y famosos de la historia: Bjon Borg, John McEnroe, Pete Sampras… Entonces, ¿por qué prácticamente nunca se le nombra como uno de los más grandes? ¿Por qué hay un puñado de excelentes, aunque peores tenistas, mucho más conocidos para el gran público? La prehistoria del tenis La razón es sencilla: gran parte de su larga carrera se desarrolló en una época en la que el tenis estaba en pleno periodo de estructuración. No existían los ‘rankings’, ni el circuito profesional, había multitud de torneos en los que se entremezclaban amateurs con profesionales. Es decir, un completo desastre organizativo que Laver sufrió en sus propias carnes más que nadie: estuvo excluido de los torneos de Grand Slam durante siete temporadas, precisamente las que coincidieron con sus mejores años de juego. Tal vez la mejor forma de comprenderlo sea repasando su carrera que, forzosamente, hay que dividir en tres etapas. Entre 1960 y 1962, época en que los tenistas aún eran deportistas amateurs y en los que no existía nada parecido a un circuito profesional. En esos tres años Laver ganó 40 títulos, entre los que destacan seis torneos de Grand Slam, cuatro de ellos en el año 1962. Se convirtió así en el segundo jugador de la historia en lograrlo (el primero había sido el estadounidense Don Budge en 1938). Pero, en 1963, sucede algo que cambiará para siempre la vida de este hijo de tenistas profesionales que había empezado a jugar con su hermana y a desarrollar su gusto por competir cuando apenas levantaba un palmo del suelo: el magnate industrial estadounidense Lamar Hunt decide crear un circuito profesional y el tenis avanza definitivamente hacia la modernidad. Laver, que como el resto de tenistas ganaba lo justo para poder acudir a los diferentes torneos que se disputaban por el mundo, decide pasarse al profesionalismo -en cuyos torneos se repartían suculentos premios económicos- y sacar rentabilidad a su profesión. Algo que logró con creces, ya que fue el primer profesional en lograr un millón de dólares (¡de los de hace 40 años!) de ganancias acumuladas. Sin embargo, esto le impidió competir tanto en los torneos de Grand Slam como en la Copa Davis, reservados exclusivamente a tenistas amateurs. En esta segunda época ganó 54 torneos individuales. La tercera etapa de este convulso periodo comienza en 1968. Ese año se establece la actual ‘era Open’, en la que la participación en los diversos torneos -excepto en la Copa Davis- está abierta a todo aquel que quiera competir. Ese mismo año logra su tercer Wimbledon consecutivo y otros diez títulos más. Casi nada comparado con lo que Laver iba a realizar la temporada siguiente: en ese increíble 1969, conquista 18 títulos, entre ellos los cuatro grandes, convirtiéndose así en el único en conseguirlo dos veces. Para hacerse una idea de la gesta, sólo hay que señalar que nadie más ha ganado el ‘Grand Slam’ desde entonces. Insaciable, entre 1970 y 1975, el australiano gana otros 40 títulos, haciendo gala de una impresionante longevidad: en 1974 y a sus 36 años acaba el año como cuarto del mundo, el más veterano de la historia en finalizar una temporada en el ‘Top 5’. En 1975, año de su retirada, todavía era uno de los diez mejores del mundo. Su vida tras dejar el deporte activo siguió relacionada con el tenis: jugó durante algunos años en el circuito senior, impartió clases, dio conferencias, pero desde 1998 -cuando sufrió una ataque al corazón mientras la cadena americana ESPN le entrevistaba- vive completamente alejado del mundanal ruido en su rancho de California, donde se ha convertido en un buen jugador de Golf. UN EQUIPO DE LEYENDA Entre 1959 y 1962 Rod Laver formó parte de uno de los mejores equipos de Copa Davis que han existido en la historia. Junto a los extraordinarios Roy Emerson -http://es.wikipedia.org/wiki/Roy_Emerson- y Neale Fraser -http://es.wikipedia.org/wiki/Neale_Fraser- logró cuatro ensaladeras consecutivas. Lamentablemente, ese equipo de ensueño nunca más pudo volver a competir junto, ya que con el paso al profesionalismo de Laver -hasta 1973, sólo se permitía la participación de tenistas amateurs en la Davis-, quedó truncado. En 1973, Laver pudo regresar al mundial oficioso por equipos: de nuevo le acompañaron otros dos mitos del tenis australiano, John Newcombe -http://es.wikipedia.org/wiki/John_Newcombe- y Ken Rosewall -http://es.wikipedia.org/wiki/Ken_Rosewall-. Una vez más, Laver se alza con la ensaladera, la quinta que conquistaba de forma consecutiva. De hecho, el australiano sólo jugó cinco veces la Davis: ganó las cinco participando en todas las finales. SU GRAN MOMENTO Tuvo lugar en 1969 en el West Side Tennis Club de Nueva York durante la disputa del US Open. Laver vencía a su compatriota Tony Roche en la final y completaba el segundo Grand Slam de su carrera, convirtiéndose así en el único hombre capaz de lograrlo. Tras un durísimo encuentro de cuartos de final en el que venció a su compatriota Roy Emerson en cuatro disputados sets (4-6, 8-6, 13-11 y 6-4), se impuso con relativa comodidad tanto al estadounidense Arthur Ashe (8-6, 6-3, 14-12) en semifinales como a Roche en la final (7-9, 6-1, 6-2 y 6-2). VERSÁTIL Y TÉCNICO El australiano adoraba jugar sobre hierba. En esta superficie ganó la mayoría de sus títulos, tanto de Copa Davis (en esos años el equipo campeón sólo disputaba la final del torneo, en casa y eligiendo superficie: sobre el pasto verde los australianos eran casi invencibles) como de Grand Slam (y es que excepto el Open de Francia, actual Roland Garros, el resto de los ‘grandes’ se disputaban sobre hierba). Pero Laver también se desenvolvía con soltura en la superficie antagónica a la hierba: así, la tierra batida del torneo parisino le vio ganar dos veces y alcanzar una final. Por si fuera poco, también era un gran jugador en canchas duras -carpeta o moqueta-, sobre las que ganó innumerables torneos. Y es que su variedad de golpes era extraordinaria. A pesar de su mediana estatura (1,75 m), Laver era un especialista del juego saque-volea, pero con infinidad de recursos: un gran golpe liftado con efecto ‘topspin’ -con el que la pelota gira en sentido de las agujas del reloj y, al botar sobre la pista, se eleva y acelera, haciendo más difícil devolverla-, un gran revés cortado y un innovador golpe que hacía mucho daño a sus rivales: el ‘topspin lob’ (un globo que parecía un golpe normal, pero que -gracias a su efecto- conseguía elevar la pelota cada vez más, permitiendo superar al contrario en la red con mucha facilidad y, al mismo tiempo, ajustar el golpe a la línea de fondo. Hoy en día uno de los recursos más utilizados en tenis). Además, era muy ágil y tenía una rapidez de piernas envidiable. PALMARÉS - Su carrera se prolongó durante 16 años, entre 1960 y 1975. Siempre se mantuvo entre los diez primeros de los distintos rankings (amateur, circuito profesional y Era Open). - 163 títulos individuales. - Cinco Copas Davis (1959, 1960, 1961, 1962 y 1973). - Tres Open de Australia (1960, 1962 y 1969). - Cuatro Wimbledon (1961, 1962, 1968 y 1969). - Dos US Open (1962 y 1969). - Dos Open de Francia (1962 y 1969). - Seis títulos de dobles de Grand Slam (Cuatro Open de Australia, un Open de Francia y un Wimbledon). - Tres títulos de Grand Slam de dobles mixtos (dos Wimbledon y un Open de Francia).