Tecnología y deporte (Parte 1: 1900-1980)

De las zapatillas con clavos a la llegada de la electrónica

Los avances tecnológicos han colaborado de forma crucial a mejorara las marcas de los deportistas, curar sus lesiones o hacer más vistosa una competición. En ‘+QFútbol’ hemos hecho un repaso de la evolución tecnológica aplicada al deporte desde principios del siglo XX hasta nuestros días. Debido a la gran cantidad de innovaciones hemos dividido el reportaje en dos partes: los inicios (1900-1980) y la revolución tecnológica (1980-2008), que publicaremos el próximo mes. Borja Pérez

A lo largo del siglo XX han sido muchas las personas que han dedicado su vida a mejorar la de los atletas y deportistas. En muchas ocasiones, su labor ha sido tan importante -el desarrollo de algunos deportes hubiera sido imposible sin su ayuda-, como anónima. Pero lo cierto es que la evolución tecnológica asociada al mundo del deporte ha sido constante, habiendo llegado un punto en el que su uso se ha convertido en algo imprescindible: así, por ejemplo, hoy día no se concibe un partido de fútbol americano sin que los árbitros puedan ver la repetición de una jugada conflictiva y así tomar una decisión sin equivocarse, o un partido de tenis sin el ya famoso ‘Ojo de halcón’. Es más, la influencia de la tecnología es tan decisiva que muchos atletas participan activamente en el diseño de su ropa, prueban distintas aleaciones hasta que dan con el material que mejor se adapta a sus características e, incluso, animados por las enormes ventajas que muchas novedades tecnológicas les han proporcionado, se dejan llevar por modas de productos que prometen grandes ventajas pero que no mejoran su rendimiento. Es el caso de las tiritas nasales que muchos deportistas utilizaban para respirar mejor: su eficacia era más que dudosa, pero se vendieron millones en todo el mundo. Hoy día, los aficionados al deporte compran de forma masiva los tecnológicos productos que los deportistas prueban en las pistas o estadios (los europeos nos gastamos aproximadamente 36.250 millones de euros en material deportivo cada año, según datos de la división tecnológica de la empresa Bayer). Pero, para ello, antes tuvo que existir la figura tanto del inventor como de una empresa dispuesta a fabricar esos productos. Así que, el segundo factor clave en la evolución tecnológica en el deporte es la inversión realizada por las empresas de material deportivo. El nacimiento de la marca Desde principios de siglo XX y amparadas en el gran desarrollo industrial de la época, muchas empresas textiles y del calzado empezaron a fabricar prendas y zapatillas creadas específicamente para los deportistas. En principio, no se planteaba su venta al gran público pero, finalmente, las innovaciones aplicadas para que los atletas batieran sus mejores marcas fueron poco a poco extendiéndose a los productos destinados a los aficionados al deporte. En los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna (Atenas 1896) los deportistas llevaban incómodas camisetas de algodón y zapatos pesados como ladrillos. Sólo diez años después (en los Juegos de Saint Louis) la indumentaria de los atletas había cambiado por completo: los zapatos habían dejado paso a las botas y zapatillas hechas a medida, mientras que las camisetas no tenían mangas y eran mucho más ligeras. La evolución fue constante a partir de entonces: en 1912 se implantó el uso del cronómetro y de la ‘foto-finish’, con lo que no sólo las innovaciones en el equipamiento tenían su hueco en el mundo del deporte, sino que el desarrollo de inventos relativamente recientes (como la fotografía) también encontraban su aplicación en las competiciones. Así que, los fabricantes de productos deportivos comenzaron a pensar tanto en mejorar el rendimiento de los deportistas como en ampliar sus miras comerciales: Adidas fabricó su primera zapatillas con clavos en 1927 y la japonesa Mizuno ya tenía una factoría en 1913 que elaboraba los mejores guantes y bates de béisbol de forma industrial. Sin estas empresas pioneras, la evolución hubiera sido mucho más lenta; con su empuje, antes de la Segunda Guerra Mundial se alcanzó una segunda etapa en el desarrollo del material que utilizaban los atletas (botas, ropa… pero también la mejora de las armas que se utilizaban en esgrima o el material con el que se construían las pértigas o las jabalinas) que, junto con la explosión de los medios de comunicación -y en concreto el de la televisión- van a configurar definitivamente lo que hoy día entendemos como deporte: una mezcla de espectáculo e intereses comerciales. Ya en los años 60 los avances técnicos aplicados al deporte de elite comienzan a ser incontables. Aparecen compuestos como el aluminio o el grafito, que permiten fabricar bicicletas y raquetas más ligeras, las zapatillas se diseñan específicamente para cada atleta y pesan menos de 100 gramos -las de principios de siglo podían llegar a pesar hasta un kilo-. Y, aunque las competiciones deportivas actuales tienen muy poco que ver con las de hace varias décadas, seguro que te sorprenderá descubrir que muchos elementos imprescindibles en nuestra época (desde las repeticiones en cámara lenta hasta las camisetas que transpiran el sudor) se gestaron hace ya muchos años. Y esto es sólo un adelanto de lo que os ofreceremos el mes que viene. Con el desarrollo, en los años 80, de la electrónica, comenzó una revolución tecnológica que ha cambiado el mundo por completo. Lógicamente, esto también ha afectado al mundo del deporte: zapatillas con chips que corrigen -según el peso y la presión ejercida- el grado de amortiguación que tienen que ejercer la suela, la utilización de técnicas destinadas a la carrera espacial para fabricar los barcos de la Copa América de vela; por no citar a la Fórmula 1, donde cada décima robada al resto de escuderías en el túnel de viento (una sala que simula como se adapta la aerodinámica del coche a las condiciones reales de la pista y que también utilizan los ciclistas) tiene un valor incalculable para las escuderías. Todo eso y mucho más en el próximo número de ‘+QFútbol’.