La leyenda: NADIA COMANECI

Raúl del Campo

Domingo 18 de julio de 1976. Esa fecha pasará a la historia como el día en el que una frágil niña de apenas 14 años, 150 centímetros de altura y 40 kilos de peso logró la perfección. Y lo hizo en el mejor escenario posible para cualquier deportista: unos Juegos Olímpicos, los de Montreal 76, que gracias a la pequeña Comaneci quedarán grabados para siempre en la memoria de media humanidad. Y es que las piruetas que realizó aquel mágico domingo eliminaron el 10 como puntuación y, con ello, cambiaron el deporte de la gimnasia para siempre. Ese 18 de julio Nadia Elena Comaneci (12 de noviembre de 1961, Onesti, Rumanía,) se convirtió en la primera rumana en ganar una medalla de oro olímpica. Aunque, lo realmente significativo es que, por primera vez en la historia de la gimnasia, alguien obtenía una media de 10 en un ejercicio -fue en la prueba de barras asimétricas-. La sorpresa fue mayúscula para hombres y, también, para las máquinas: para el recuerdo quedará la imagen de los marcadores electrónicos marcando 1,00. Ni siquiera ellos estaban preparados para semejante hazaña. Pero la cosa no quedó ahí: a lo largo de esos Juegos, Comaneci logró otras seis veces la máxima puntuación. Y una cosecha de medallas sólo al alcance de los más grandes deportistas de la historia. Ganó tres de oro -barra de equilibrio, barras asimétricas y general individual-, una de plata -general por equipos- y otra de bronce -suelo-. La brillante carrera de Nadia Comaneci comenzó en 1967 cuando tan solo contaba seis años de edad. Ese año fue ‘descubierta’ para la gimnasia por su compatriota Bela Karolyi, uno de los mejores entrenadores que ha dado este deporte. Su progresión fue meteórica, más aún que el de la mayoría de gimnastas femeninas cuya vida deportiva acaba a los 20 años. En 1970 se proclama campeona juvenil de Rumanía y, cuatro años después, campeona del mundo juvenil. La siguiente temporada, y con sólo 13 años, consigue su primer éxito absoluto de nivel internacional al ganar cuatro medallas de oro y una de plata en el Campeonato de Europa celebrado en Skien (Noruega). Un año inolvidable Lo mejor estaba aún por llegar: 1976 se convierte en el año más triunfal que probablemente haya vivido cualquier gimnasta a lo largo de la historia. Ese año, que culminará con su hazaña en Montreal, la pequeña Comaneci comienza asombrando a todos los entendidos durante las pruebas preolímpicas de clasificación para los Juegos: logra cuatro victorias individuales ante la rusa Lyudmila Turishcheva, pentacampeona de Europa en esos momentos, y se alza con la primera posición en la clasificación general individual. Además, se convierte en la primera mujer capaz de realizar el dificilísimo doble mortal de espaldas a la salida de su ejercicio en las asimétricas. Ello le vale el triunfo en la prestigiosa Copa América, celebrada en Nueva York. Cuando regreso a Rumanía, sus paisanos la recibieron como una heroína nacional y, además, obtuvo el reconocimiento de ‘Héroe Socialista del Trabajo’, convirtiéndose en la persona más joven en recibir dicho galardón. Por si fuera poco, la prestigiosa agencia de prensa Associated Press la nombra ‘Atleta del Año’ La temporada siguiente revalidó su título individual europeo, pero 1978 y 1979 fueron, probablemente, los más duros de su carrera: la llegada de la pubertad le provocó cierto sobrepeso, con la pérdida de flexibilidad que ello implica. En esas llegó al mundial de 1978 celebrado en Estrasburgo (Francia) en muy mal estado de forma: se cayó en las barras asimétricas, lo que la relegó al cuarto puesto del concurso general individual. Aún así demostró su enorme clase, ganando en la barra de equilibrio. Resurgió en 1979, de nuevo delgada y en forma, conquistando tres títulos europeos consecutivos en el concurso general y convirtiéndose en la primera gimnasta en hacerlo en la historia. Más tarde, en el campeonato del mundo celebrado en diciembre, cuando Comaneci dominaba claramente varias clasificaciones tuvo que ser hospitalizada de urgencia debido a un corte en la muñeca con una hebilla metálica que le provocó un envenenamiento en la sangre. Sin embargo, su tremendo espíritu competitivo le impidió rendirse: desobedeciendo los consejos de los médicos, abandonó el hospital, y compitió en la prueba de barra de equilibrio logrando un 9,95. Gracias a esta actuación, el equipo rumano consiguió su primera medalla de oro por equipos en unos Mundiales. Un año después, participó en la que sería su última gran competición. Y que mejor manera de culminar una espectacular carrera que triunfando de nuevo en unos Juegos Olímpicos. Así, en Moscú 1980, venció de nuevo en la barra de equilibrio y en suelo, fue segunda en la general individual tras la rusa Yelena Davidova (demostrando una gran deportividad: “Yelena simplemente lo hizo mejor”, escribió posteriormente en su libro ‘Cartas a una gimnasta joven’). Además, su contribución fue decisiva para que su país lograra la plata por equipos. Su retirada definitiva de la alta competición se produjo en 1984, semanas antes de los Juegos de Los Ángeles, aunque siguió participando en pruebas de menor nivel hasta entonces. Pese a la aparente despedida, aceptó la invitación para participar en aquella edición de los Juegos, aunque su presencia fue meramente testimonial. UNA FUGA DE PELÍCULA Comaneci prácticamente se convirtió, tras su retirada en 1984, en rehén del régimen dictatorial y comunista rumano (estaba estrechamente vigilada, su correspondencia y su teléfono estaban intervenidos y tenía muy restringidos los viajes), presidido por Nicolas Ceaucescu, quien temía que desertara como ya había hecho su entrenador en 1981. Y no sin razón. En 1989, Comaneci decide pedir asilo político en la embajada americana de Austria. Para su camino no fue fácil, tuvo que huir a través de un agujero en la alambrada que separaba la frontera comunista con el bloque occidental y caminar durante seis horas hasta llegar a la frontera con Hungría. Una vez allí, un político rumano -un tal Constantin Panait- la llevó hasta Austria y, desde allí, a Estados Unidos. Sin embargo, la aparente ayuda de Panait se acabó convirtiendo en un tormento para Comaneci: primero le pidió 5.000 dólares por ayudarla a escapar. Ya en Estados Unidos, Panait controlaba la vida de Nadia bajo amenaza de llevarla de vuelta a Rumanía: la obligaba, por ejemplo, a aparentar que eran amantes pero también, aprovechando que Comaneci no hablaba inglés, vendía entrevistas a la prensa diciéndola lo que debía contestar. Su antiguo entrenador, Bela Karolyi, se enteró de lo que estaba pasando y, con la ayuda del entrenador rumano de rugby, Alexandre Stefu, la rescató. En ese momento, la estafa ya sobrepasaba los 150.000 dólares y a la niña de oro de la gimnasia sólo tenía 1.000 dólares en el banco y un coche de la marca Mercedes Benz. SU GRAN MOMENTO En un espectacular ejercicio, la niña prodigio realizó una rutina en las barras asimétricas que duró un suspiro. Rápida y precisa, Comaneci se revolvió en el aire y, de repente, tras realizar varios giros increíbles, saltó y aterrizó en el suelo tal y como mandan los cánones de la gimnasia: clavando los pies sin moverlos ni un milímetro. Después, levantó los brazos para saludar, dio un paso atrás y volvió a saludar entre el griterío de un público que era consciente de haber asistido a uno de los mejores momentos de la historia del deporte. Y EN LA ACTUALIDAD… Comaneci sigue muy vinculada a la gimnasia: junto a su esposo -el también ex gimnasta y doble medallista olímpico, Bart Conner, con el que tiene un hijo- dirige la ‘Academia Conner de Gimnasia’ y son editores asociados de la revista especializada ‘International Gymnast Magazine’. Además, poseen su propia productora de televisión ‘Perfect 10 Productions’, dedicada a retransmitir eventos deportivos. Asimismo, Comaneci participa en diversas obras de caridad por todo el mundo y financia una clínica de misericordia para ayudar a los niños huérfanos en Bucarest. También es vicepresidenta del Consejo de Dirección de Olimpíadas Especiales, Presidenta de Honor de la Federación Rumana de Gimnasia, Presidenta Honorífica del Comité Olímpico Rumano, Embajadora de Deportes de Rumania, vicepresidenta del consejo de Dirección de la Asociación para la Distrofia Muscular y miembro de la Fundación de la Federación Internacional de Gimnasia. Además, ha sido condecorada dos veces por el Comité Olímpico Internacional con la Orden Olímpica. El 19 de noviembre de 1999 recibió en Viena el premio a la mejor atleta femenina de la historia en los ‘Premios Deportivos Mundiales’ -en los que un jurado internacional elegía a los mejores deportistas del siglo XX-. En diciembre de 2003 publicó su primer libro, ‘Cartas a una gimnasta joven’. PALMARÉS - Tres medallas de oro (concurso general individual, barra de equilibrio y paralelas asimétricas), una de plata (por equipos) y una de bronce (suelo) en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976. - Dos medallas de oro (barra de equilibrio y suelo) y dos de plata (concurso general individual y por equipos) en los Juegos de Moscú 1980. - Oro en barra de equilibrio y plata por equipos y en salto en el Mundial de Estrasburgo 1978. - Oro por equipos en el Mundial de Fort Worth -Estados Unidos- en 1979. - Cuatro medallas de oro (concurso individual, barra de equilibrio, paralelas asimétricas y salto) y una de plata (suelo) en los Europeos de Skien -Noruega- 1975. - Dos oros (concurso individual y barras asimétricas) y un bronce (salto) en el Campeonato de Europa de Praga 1977. - Tres medallas de oro (concurso individual, salto y suelo) y una de bronce (barra de equilibrio) en los Europeos de Copenhague 1979.