Los Juegos Olímpicos de Estocolmo 1924

Historia de los Juegos Olímpicos

Jorge Corrales

El barón Pierre de Coubertin se volcó en cuerpo y alma para que los segundos Juegos que se celebraban en su patria -que a la postre serían los últimos que dirigió- fueran un éxito y quitarse así el mal sabor de boca de la desastrosa edición de 1900. Algo que no consiguió, al menos plenamente. Es cierto que en París 1924 las olimpiadas alcanzaron definitivamente la madurez: récord de participantes, la construcción, por primera vez, de una villa olímpica para alojar a los atletas de las distintas delegaciones y de grandes instalaciones para la ocasión, como el estadio olímpico de Colombes o las instalaciones náuticas de Les Tourelles. Pero, de nuevo la mala organización de las pruebas, así como las dificultades financieras, hicieron que el éxito no fuera completo. Para empezar, de nuevo la capital francesa mostró una gran desidia por el evento e, incluso, Coubertin tuvo que amenazar con llevarse los Juegos a Lyon para que tanto los parisinos como sus autoridades se pusieran manos a la obra. Además, casi todos los países derrotados en la Primera Guerra Mundial continuaron excluidos de la competición, y Alemania se negó a participar alegando ‘falta de seguridad’ para su delegación: hay que señalar que sólo un año antes Francia había invadido el Ruhr alemán y que las heridas de la guerra del 14 todavía no habían cicatrizado completamente: un buen ejemplo de ello lo dio el equipo de esgrima italiano, que se retiró de la competición entonando el himno fascista, presagió de los terribles acontecimientos que se avecinaban sobre Europa. Por si fuera poco, Coubertin tampoco fue capaz de convencer a los organizadores para que comprimieran la competición en un solo mes -se extendieron entre el 4 de mayo y el 27 de julio-: de hecho, cuando el 5 de julio el presidente de la República Gaston Doumergue inauguró oficialmente los Juegos, ya se habían disputado varias competiciones, como el fútbol o el rugby. Ámsterdam, segunda en la votación, era la ciudad preferida por los miembros del COI -Comité Olímpico Internacional- para celebrar los Juegos. Estos todavía tenían en su memoria el desastre organizativo de la edición de 1900. Pero Coubertin logró convencerles recurririendo a un hecho insólito en la historia olímpica: garantizó que la siguiente edición se celebraría en la ciudad holandesa y la próxima en la tercera urbe aspirante, Los Ángeles. Uno de los hitos más importantes de estos Juegos fue el comienzo de las retransmisiones en directo, a través de la radio, de numerosas pruebas, así como la presencia masiva, por primera vez, de periodistas llegados de todo el mundo: unos 700 profesionales acudieron a París para cubrir la cita olímpica. PAAVO NURMI, UNA GESTA IMPERIAL Después de los tres oros y la plata conquistados en Amberes cuatro años atrás, el finlandés Paavo Nurmi se convirtió en el indiscutible héroe de estos Juegos. Nurmi realizó en París una gesta sólo al alcance de los más grandes de la historia: ganar cinco medallas de oro, todas ellas obtenidas con una insultante superioridad sobre sus rivales. A sus 27 años, demostró que era invencible. Para abrir boca, Nurmi logró dos records mundiales -en 1.500 y 5.000 metros- durante su preparación para las olimpiadas. Ya en la competición oficial, el finlandés ganó los 1.500 metros quedándose a sólo un segundo de su propio récord del mundo y estableciendo un nuevo récord olímpico. Pero lo más increíble es que, menos de una hora después de su victoria en los ‘milqui’, repite triunfo en la final de los 5.000 metros. En ella, sus adversarios, tratando de aprovecharse del cansancio acumulado por el finlandés imprimen un ritmo infernal desde el comienzo de la carrera. Un esfuerzo baldío. Nurmi se coloca en cabeza a falta de ocho vueltas y gana la carrera sin tan siquiera girarse para ver dónde están colocados sus rivales. Al día siguiente, prosigue su festival particular. El finlandés se adjudica los títulos de campo a través individual y por equipos en unas condiciones dantescas: las altas temperaturas que azotan París ese día provocan la retirada de la retirada de 23 de los 38 participantes. Nurmi se muestra impasible: pese a vivir en un país nórdico, el finlandés se aclimata a la perfección. Y, para rematar su impresionante cosecha de medallas, logra el oro en los 3.000 metros por equipos, carrera que también concluye en primera posición -aunque en esa prueba no había medalla individual-. RÉCORDS Y CURIOSIDADES Johnny Weismüller, quien después saltó a la fama mundial encarnando a Tarzán en el cine, ganó tres medallas en natación (100 metros libre, 400 metros libre y relevos 4x200 metros libre) y una de bronce en waterpolo. Weissmüller se había convertido, el 9 de julio de 1922, en el primer nadador del mundo en recorrer los 100 metros en menos de un minuto (58,6). Las condiciones ambientales fueron durísimas algunos días de la competición: así, sólo 15 de los 38 atletas que participaron en la prueba de campo a través lograron concluir la prueba. La mayoría abandonan víctimas de una insolación. Se celebra un concurso de arte que atrae a los artistas franceses más importantes de la época como los escritores Jean Giraudoux, Henry de Montherlant o Paul Claudel, el músico Maurice Ravel o el pintor Fernand Leger. Por primera vez en los Juegos, se construyen unas instalaciones acuáticas al nivel del evento: la piscina olímpica -ya de 50 metros de largo- cuenta con plataformas para la salida y con corcheras para separar las ocho calles. Después de París, el rugby desaparece para siempre del programa olímpico: Estados Unidos gana la competición por segunda vez consecutiva. También se eliminan las pruebas de levantamiento con una sola mano en halterofilia y el tenis comienza un largo destierro: no volverá a unos Juegos hasta Seúl 1988. En las pruebas de atletismo se produce un dominio total de estadounidenses y finlandeses: de las 27 medallas de oro en juego, 12 son para Estados Unidos y 10 para Finlandia. MEDALLERO Y PAÍSES PARTICIPANTES En París se establece el récord de naciones participantes, con 44. Compiten un total de 3.089 deportistas -135 mujeres-. También la delegación española bate su propia plusmarca con una representación de 103 atletas -99 hombres y, por primera vez, cuatro mujeres-. Sin embargo, en esta ocasión España no logra ninguna medalla. Estados Unidos arrasa en el medallero.