¿POR QUÉ LOS DEL BASKET SÍ HAN TRIUNFADO Y LOS DEL FÚTBOL NO?

Análisis de las razones por las que los dos equipos que se proclamaron campeones del mundo en categorías inferiores en 1999 han seguido trayectorias tan diferentes. Rubén de las Heras

Todos fueron campeones del mundo de su categoría hace sólo ocho años. En aquel mágico 1999 nos hicieron soñar a todos con la posibilidad de ganar, algún día, el mundial de los dos deportes más practicados en nuestro país. Todos eran estrellas en ciernes que, con menos de 20 años y siendo prácticamente adolescentes, ya habían conquistado el escalafón más alto que su deporte les permitía a tan temprana edad. Hablamos, por supuesto, de las selecciones junior -sub 18- de baloncesto, campeona del mundo en Lisboa, y la sub 20 de fútbol, que se proclamó vencedora del Mundial de la categoría en Nigeria. El caso es que más de la mitad de los integrantes de aquella selección de baloncesto ha triunfado a lo grande, revalidando siete años después su título junior en la categoría absoluta y logrando éxitos hasta ahora desconocidos para el baloncesto español. Por contra, la mayoría de sus compañeros del fútbol ni siquiera han llegado a debutar con la selección nacional absoluta (sólo siete lo han logrado y, de ellos, sólo tres, Xavi, Marchena y Casillas, han seguido acudiendo con regularidad). Y lo peor es que, los que lo han hecho, han acumulado fracaso tras fracaso en todas las grandes competiciones internacionales que han disputado. La cuestión es, ¿cómo es posible que los chavales del baloncesto sí que hayan llegado a lo más alto y los del fútbol no? Falta de oportunidades, de competitividad… o de preparación táctica Hemos buscado respuestas consultando a dos técnicos de ambas federaciones con una amplia experiencia en las categorías inferiores: Ginés Meléndez, seleccionador sub 19 de fútbol y responsable durante 20 años de la cantera del Albacete y Ángel Palmi, director deportivo de la Federación Española de Baloncesto desde hace trece años. La primera conclusión es que a los chicos del fútbol les han faltado oportunidades: “Si a esa edad un futbolista ha demostrado semejante calidad seguro que la va a seguir manteniendo, sólo necesita que se confíe en él y se le den minutos… pero durante esos años los clubes prefirieron apostar por los extranjeros, tal vez influidos por el caso Bosman”, apunta Meléndez. Todo lo contrario que ocurrió en el basket: “Sólo un año después de ganar el Mundial de Lisboa, prácticamente todos ellos comenzaron a jugar en sus clubes y, además, de forma habitual, al máximo nivel y disputando minutos de calidad”, explica Palmi. Un segundo factor podría ser el gen competitivo: “Desde hace años, la Federación de Baloncesto decidió que, a la hora de valorar a un jugador, había que tener en cuenta tanto los aspectos técnicos y físicos, como su capacidad competitiva, es decir, como responden ante situaciones de máxima exigencia”. Esta competitividad es, precisamente, la que ha faltado en el fútbol: jugadores con una calidad técnica exquisita, pero que se arrugan cuando se enfrentan a grandes retos. ¿La razón? Tal vez sea una cuestión de mentalidad: “Este grupo nació ganando, lo ha hecho siempre y no les intimida ningún rival, están convencidos de que pueden ganar a cualquiera”, señala Palmi refiriéndose a los chicos del basket. Un tercer y novedoso elemento se une a las posibles explicaciones de por qué el equipo de baloncesto sí que se ha hecho un hueco en la élite: se trata de una filosofía que se ha aplicado en todo el organigrama federativo en los últimos años: Los técnicos de la federación hacen un seguimiento exhaustivo de cada jugador y definen cuáles son sus mejores características y habilidades. A la vez, el seleccionador se compromete a preparar sus tácticas tanto defensivas como en ataque en función de este estudio”, nos cuenta Palmi. El factor suerte, ¿también influye? Además, señala Meléndez que, “aparte de tener calidad, es muy importante el factor suerte: una lesión inoportuna puede truncar una prometedora carrera”. Sin embargo, este no es el caso de ningún miembro de aquella generación de futbolistas; en todo caso, ha sido la selección de baloncesto la que se ha visto afectada por esta situación: Felix Herraiz, miembro de los juniors de oro, tuvo que abandonar la práctica del deporte por culpa de una lesión de espalda. “El fútbol es un deporte mucho más complejo, en el que puedes ser mucho mejor que el rival, crear mil ocasiones y perder; en ese aspecto, el baloncesto es más matemático y justo con los jugadores: si eres mejor que el rival y tiras mucho más a canasta, es casi imposible perder”, apunta Meléndez. Y pueda que tenga parte de razón, pero la cuestión es que la afición española sigue esperando ansiosa el triunfo en el máximo torneo mundial -o, al menos, en el continental- en el deporte rey de nuestro país pero este no llega… ni se le espera por el momento.