Historia de Los Juegos de la Antiguedad

Titulo 2

Este reportaje sobre los Juegos de la antigüedad y los primeros modernos, los de Atenas 1896, inicia una serie que repasará los hechos más destacados de cada edición. Jorge Corrales

Si bien es cierto que muchos de los datos que hoy conocemos sobre los Juegos Olímpicos de la antigüedad son una mezcla de certezas y mitos, sí que parece un hecho confirmado que los orígenes de los primeros Juegos se remontan al año 776 a.C. (de esta fecha son los primeros escritos referentes a ellos, los de Hipías de Elis) en la ciudad griega de Olimpia, lugar al que debemos el nombre de los Juegos. La leyenda asegura que fue Hércules quien los concibió para celebrar así la victoria de Zeus, su padre, sobre Chronos, en la batalla de Titanomaquia. En aquella época, los juegos estaban rodeados de una atmósfera religiosa y cultural que tenía un gran peso en la celebración de los mismos. No debemos olvidar que se realizaban en honor a los dioses mayores y, especialmente, al padre de todos ellos, Zeus, cuya estatua presidía la ciudad de Olimpia como fiel testigo de todo lo que allí acontecía. Además, las competiciones se alternaban con sacrificios y otros ritos religiosos que otorgaban a los juegos un carácter sagrado que magnificaba aun más su celebración. Los atletas participantes debían reunir una serie de requisitos imprescindibles: solo podían participar hombres de nacionalidad griega, que fueran ciudadanos libres (es decir, no podían competir los esclavos) y que se hubieran entrenado durante años en los gimnasios específicamente preparados para ello (el culto al cuerpo era algo muy común en la antigua civilización griega). Un mes antes del inicio de los juegos los atletas se preparaban física, espiritual y moralmente en la ciudad de Elis, situada a 50 kilómetros de Olimpia, bajo la supervisión de los jueces. Al igual que en la actualidad, los Juegos se celebraban cada cuatro años (y siempre entre los meses de junio y septiembre): a este periodo inter-juegos se le denominaba Olimpiadas. Al principio las competiciones atléticas consistían, básicamente, en las carreras y, por tanto, la duración de los Juegos no era superior a uno o dos días. Sin embargo, fue aumentando conforme a su relevancia, otros deportes fueron poco a poco sumándose a la competición, incluidos los torneos musicales, considerados en aquella época una prueba más de los Juegos. La relevancia que éstos alcanzaron en la era antigua creció con rapidez y se extendió en el tiempo a lo largo de varios siglos teniendo lugar su apogeo entre el quinto y el octavo antes de Cristo. En Olimpia se llegaron a celebrar un total de 293 Juegos pero, con la conquista de Grecia por parte de los romanos en el siglo II a.C. su importancia fue decreciendo, aunque se seguían disputando. Finalmente, en el año 393, el emperador Teodosio I los abolió por considerarlos una tradición pagana. Además, y por si fuera poco, la concepción cristiana –y, por tanto, romana- de la época consideraba inmoral el culto al físico. Como premio... la inmortalidad El honor que suponía ser uno de los vencedores en los Juegos no es muy diferente al que podamos concederle hoy, pero si tenemos en cuenta el valor sagrado que rodeaba a los antiguos Juegos podemos imaginar que la gloria que alcanzaban era todavía mayor. El premio simbólico con el que se coronaba al ganador era una rama de olivo colocada en su cabeza. Ésta tenía que ser entregada y cortada por un muchacho de 12 años cuyos padres debían estar vivos. Los vencedores de los Juegos (conocidos como Olímpionikes) se convertían en semidioses y eran adorados aun después de muertos. En su honor se erigían estatuas, sus nombres eran inscritos en el registro de campeones, poetas y oradores celebraban sus triunfos y, además, eran mantenidos económicamente de por vida (de ello se encargaba su ciudad de procedencia). Sin embargo, el premio más valioso para los atletas vencedores era la inscripción de su nombre en el estadio, pues la inmortalidad de su hazaña era el mayor honor que se le podía conceder. Gracias a ello, hemos podido saber que el primer campeón olímpico fue Corebus de Elis, vencedor en la prueba del Stadion. La tregua olímpica Los Juegos eran considerados sagrados por los griegos y, por tanto, este periodo de tiempo se consideraba una época de paz entre todos los pueblos helenos que no debía romperse bajo ninguna circunstancia. Esta tregua se instauraba los tres meses anteriores y posteriores a los Juegos para que los atletas tuvieran un regreso seguro a sus hogares. Como castigo a las regiones que no cumplieran con la tregua olímpica se prohibía la participación de todos sus atletas. Además, la vida pública quedaba totalmente paralizada durante la celebración de los Juegos, ya que se suspendían todas las actividades oficiales excepto aquellas que fueran de una urgencia extrema. Las mujeres Olimpia era una ciudad dedicada al dios Zeus y por tanto la entrada de las mujeres estaba totalmente prohibida (otro motivo que influía en esta medida era que los Juegos olímpicosatletas debían competir desnudos). La pena por desobedecer esta ley era la muerte. Sin embargo, la leyenda cuenta que hubo algunas excepciones: como la de una madre que entró disfrazada para ver la participación de su hijo. Al ser descubierta, fue llevada ante la corte suprema, y posteriormente perdonada por ser la madre de un campeón olímpico. Sin embargo, las mujeres sí que tenían permitido presenciar las carreras de carros que se celebraban en las afueras de la ciudad. También se crearon, específicamente para ellas, los festivales femeninos de Argosel. En este caso eran los hombres los que tenían la entrada prohibida. Los deportes Stadion - Prueba de velocidad en la que los atletas recorrían 192 metros, que era la longitud del estadio. Diadulos - Comparable a los 400 metros lisos actuales: era una carrera de ida y vuelta al estadio (384 metros) que se celebró por primera vez durante la XIV Olimpiada. Dólico - Era una carrera de resistencia que surgió en los XV Juegos. La distancia de esta prueba fue aumentando paulatinamente desde los 1.500 metros hasta los 4.500 metros.Juegos olímpicos Jabalina - La jabalina era una lanza de pino, olivo o tejo con el extremo de hierro y una correa situada en el centro que servía para aumentar el impulso. Disco - Tal vez la prueba que menos variaciones ha sufrido. El disco era más grueso en el centro que en los bordes: al principio era de piedra y más tarde de cobre. Salto de longitud - Se ejecutaba con unas pesas de piedra o plomo de entre 1 y 5 kilos de peso en las manos. Sujetándolas, los atletas echaban los brazos hacia atrás para tomar impulso en el momento del salto. Lucha libre - Bastante similar a la actual. Para vencer había que tumbar de espaldas al adversario tres veces. Se empezó a disputar en la XVIII edición. Pugilato - Duraba hasta que uno de los dos contendientes se rendía o quedaba fuera de combate. Se peleaba con el puño desnudo, aunque más tarde se protegieron las manos con vendajes y correas. Pentatlón - Era el deporte estrella de los Juegos. Constaba de cinco pruebas: stadion, salto de longitud, disco, jabalina y lucha libre. El ganador era considerado el atleta más completo. Hípica - Entre las distintas pruebas hípicas, las más famosas eran las de cuádrigas, que aparecen en el año 680 a.C. Consistían en una carrera de doce vueltas al hipódromo (1.540 metros) sobre un carro de dos ruedas tirado por cuatro caballos. Pankration - Esta lucha sólo contemplaba la prohibición de morder (se podía golpear con cualquier parte del cuerpo y se permitían las luxaciones), y sólo terminaba cuando el adversario se rendía o moría. Hoplitódromo - Tenía lugar el último día de competición, pues se competía con armas. La prueba consistía en una carrera de 384 metros (un diadulo) en la que los atletas luchaban protegidos con un yelmo y un escudo.