La leyenda: Emil Zatopek

Titulo 2

Vicente Sánchez

A Zatopek siempre le gustaron los aplausos. Si no hubiera sido por ellos, un fingido dolor de rodilla nos hubiera impedido disfrutar de uno de los mejores atletas de la historia. Cuenta la historia que en sus comienzos, el cuatro veces campeón olímpico, ante la pereza que le causaba participar en una carrera por la calles de Zlin -Checoslovaquia-, alegó un súbito dolor en su rodilla para no correr. El médico que le examinó se dio cuenta que esa ‘molestia’ era una simple fantasía. Bendita fantasía: con desgana y a regañadientes quedó segundo y al cruzar la meta el público presente estaba de acuerdo, había nacido un mito. A partir de ese momento, y con un ego agrandado por unos aplausos merecidos, Zatopek empezó a acudir con regularidad a los entrenamientos de la escuela para jóvenes del empresario de calzado Tomas Bata. Ya nada podría impedirle triunfar en el mundo del atletismo, ni siquiera los años que estuvo formándose en el ejército durante la IIGM: mientras que por las mañanas y tardes aprendía todo sobre el manejo de armas, por la noche entrenaba sin descanso y con unas botas militares que no estaban pensadas para el atletismo precisamente. Su primera cita olímpica sería en los Juegos Olímpicos de Londres en 1948, acudía sin grandes pretensiones, pero consiguió su primera medalla de oro en la prueba de los 10.000 metros. De paso, pasaría a la historia del mundo del deporte como el primer deportista checo que conseguía el preciado metal en una cita de tal calado. Su explosión definitiva como atleta se produjo en los siguientes juegos. La ‘locomotora checa’ estaba lista. Próxima parada Helsinki. En la capital finlandesa, Emil empezó a hacerse un hueco entre los héroes del siglo XX con una gesta estratosférica: aplastó a sus rivales en las tres pruebas de fondo; 5.000, 10.000 y maratón. Algo que nadie ha igualado hasta ahora, el propio Zatopek confesó que no pudo andar en una semana tras su hazaña. Muchos expertos se preguntaban cuál era su secreto. La clave consistía en la tenacidad: el atleta checo justificaba su éxito por un original método de entrenamiento que exigía una dedicación absoluta, en el cual la psicología jugaba un papel fundamental. Para convertirse en atleta con temple de acero, Zatopek entrenaba todos los días la carrera de los diez mil metros dividida en etapas. Primero realizaba cinco carreras de 200 metros, luego veinte recorridos de 400 metros, y finalmente otras cinco carreras de 200 metros. El atleta solía también alternar carreras veloces de 100 o 200 metros con trotes en la misma distancia. Un régimen de entrenamiento que daba a Emil una resistencia sobrehumana para un hombre que sólo pesaba 67 kilos, aunque pudiera parecer todo lo contrario dado su forma de correr, tan angustiosa como la de Paula Radcliffe. Tras las olimpiadas de Helsinki, y cuando todo el mundo creía que su motivación por ganar ya se había acabado, Emil continuó con lo que mejor sabía hacer: ganar. Batió 18 records mundiales en pruebas de fondo. Durante tres años (1949, 1951 y 1952) le fue otorgado el título de Mejor Deportista del Mundo. Zatopek fue también tricampeón de Europa en pruebas de fondo. El atletismo era su amor, un amor que no le dejaba de aplaudir, justamente lo que más le gustaba escuchar. Desde 1994 un asteroide lleva el nombre de Zatopek gira en el espacio en la franja situada entre los planetas Marte y Júpiter, muchos piensan que ese asteroide nunca se detendrá en su camino. Su gran momento En Helsinki todos contaban con Zatopek, pero nadie pensaba que pudiera realizar el triplete en las pruebas de fondo. La carrera de los 5.000 fue inolvidable, Zatopek atacó cuando sólo quedaban 1.000 metros, pero fue superado por los cuatro atletas que le seguían. Su posibilidad de conseguir medalla parecía evaporarse, pero no fue así: esperó el momento justo para realizar un segundo ataque, esta vez definitivo, a 200 metros de meta. Remontó y sacó dos cuerpos a sus rivales mientras el estadio coreaba: ‘Zatopek, Zatopek, Zatopek’. Seguro que a esa victoria ayudó que Emil contara con unas zapatillas realizadas para él por sus compañeros en la fábrica de Bata. Estaban hechas a medida y en un cuero rojo que llamaba la atención, pero su valor simbólico era mucho más importante, dado que esas zapatillas estaban hechas en secreto: si la dictadura stalinista se enteraba de que Zatopek había conseguido gratis unas zapatillas sus compañeros hubieran sufrido penas de cárcel. Vida tras los juegos Su activismo político le pasó factura: en 1968 se manifestó públicamente contra la ocupación soviética de Checoslovaquia, hecho por el que fue expulsado de las fuerzas armadas y despojado de su casa. Trabajó de barrendero para subsistir (aunque los vecinos barrían las calles antes de que Emil llegara para que su héroe no tuviera que hacerlo) y tuvo que vivir en una caravana. Sólo después de la salida de la URSS de Checoslovaquia, en 1989, a Emil Zatopek se le dio el reconocimiento que merecía, a lo que se unió el premio Baron de Coubertin que se le entregó de manera póstuma y la Orden del León Blanco, máxima distinción de su país. Palmarés - 334 carreras de las que consiguió 261 victorias. -18 records del mundo. - Oro en la prueba de los 5.000 metros y plata en 10.000 en los JJOO de Londres 1948 - Oro en 5.000, 10.000 y maratón en los JJOO de Helsinki 1952 -3 oros y 1 bronce en campeonatos de Europa. -8 campeonatos nacionales. -38 carreras de 10000 metros ganadas de forma consecutiva.