Del polvo de ladrillo al cesped de su majestad

Titulo 2

Un análisis sobre cómo el mejor jugador de tierra del mundo ha llegado a dos finales en el torneo de hierba por excelencia: Wimbledon Luis Martín

En el tenis todo el mundo sabe que Paris y Londres, o lo que es lo mismo, Roland Garros y Wimbledon son el ying y el yang de este deporte. Nadie podría sospechar que, con sólo cambiar la superficie, hasta el mejor jugador sobre tierra sufriría lo indecible en la hierba londinense, como pueden atestiguar Lendl, Vilas, Matts Wilander o Gustavo Kuerten (grandes talentos del tenis que ganadores del torneo parisino que fracasaban cuando cruzaban el Canal de la Mancha) del mismo modo que algo le debería de pasar por la cabeza a Sampras, McEnroe, Jimmy Connors o Boris Becker; pues sabían que aun terminando antes de lo previsto su participación sobre la tierra de batida podían cumplir revancha poco después en el All England Tennis Club, estos ejemplos dejan claro que la propuesta tenística de uno y otro campeonato es irreconciliable. Algunos de los grandes tenistas citados anteriormente han estado cerca de lograr la victoria en ambos torneos, otros ni siquiera eso... y es que todos los jugadores saben que ganar en alguna ocasión los dos Grand Slam les proporcionará entrar en un selecto club, del que sólo forman parte los más grandes campeones. Mención aparte merecen los españoles, muchos de ellos decidían no participar en el torneo inglés por el suplicio que les suponía jugar en una pista donde la bola se deslizaba a un palmo del suelo, además, los que se atrevían con el torneo eran apartados de los puestos de cabezas de serie y obligados a disputar más partidos de los debidos (hasta la consolidación de la ATP, en los años 80, Wimbledon no utilizaba el actual ranking de entradas para configurar a los cabezas de serie del torneo, sino que se guiaban por un sistema arbitrario y poco objetivo). Con todas estas dificultades, los jugadores españoles ya habían asumido aquello de ‘la hierba es para las vacas’, y los aficionados, nos conformábamos con ver a algún español jugando en las pistas principales en la segunda semana de torneo. Cambiando la tendencia Las últimas ediciones del torneo inglés nos han demostrado que ya no tenemos que mirar atrás y revisar los méritos logrados por Manuel Santana (ganador de Wimbledon en 1966, cuando un viaje a Londres significaba enfrentarse a la temible legión de australianos formada por Rod Laver, Roy Emerson, Fred Stolle o John Newcombe. Visto a día de hoy se entiende el mérito que tuvo Santana ganando la Copa de Plata) o Conchita Martínez, ganadora en 1994. Este año se ha demostrado que algunos grandes especialistas en tierra pueden dar lo mejor de sí mismos en las pistas del All England Tennis Club: Juan Carlos Ferrero ha hecho un gran torneo (derrotado en cuartos y en cuatro sets por Roger Federer), más aún, la segunda final consecutiva que ha disputado Rafael Nadal debería desdeñar por fin la idea que un jugador español no tiene nada que hacer en Wimbledon. Rafa, que en los últimos años está haciendo historia sobre tierra batida, está jugando en hierba a un nivel que hacía mucho tiempo que no se veía en un ganador de Roland Garros. A nadie se le escapa que es indiscutiblemente el mejor sobre tierra desde su irrupción en el panorama internacional, el manocorí sabe que llegar al número uno implica rendir al máximo nivel en todo tipo de superficies y ese esfuerza en cada entrenamiento para que eso se cumpla, pero: ¿Cuáles han sido las claves en el juego de Nadal que le han llevado a alcanzar cotas tan altas en un terreno tan complicado? Cómo ha mejorado sus golpes Saque: Uno de los aspectos más importante en la hierba de Wimbledon, donde se tiende a sacar con un mayor efecto cortado, buscando que el desplazamiento de la pelota sea lo más rápido posible; mientras que en pistas más lentas –como en tierra– se prefiere un bote alto para incomodar al rival, sabiendo que el saque no es tan importante para el desarrollo del punto. Rafa ha aprovechado su saque cortado para abrir buenos ángulos. Cada día mejora el porcentaje de primeros y saca con más potencia, pero aún debe realizar un servicio más fluido, y sobre todo mejorar las estadísticas de puntos directos, aún insuficientes para hacer daño a sus rivales. Derecha: Una de sus armas fundamentales en tierra batida, muy seguro y casi intratable cuando puede pararse a golpear su derecha liftada, que hace que el rival tenga que jugar varios metros por detrás de la línea de fondo. Esta ventaja siempre se ve disminuida en hierba, donde el tiempo de reacción es menor y el bote te hace jugar muy abajo, lo que no te permite realizar toda la amplitud de golpe que realizas en una superficie de tierra. La gran movilidad del mallorquín le permite posicionarse muy bien para golpear, y sorpresa: sigue liftando la bola en hierba y no le va tan mal. Revés: Sigue tan seguro como siempre. Rafa pega el revés casi plano en ambas superficies con el que abre ángulos que hacen mucho daño a sus rivales. Además aprovecha las dos manos para recuperar bolas imposibles. Su asignatura pendiente sigue siendo el revés cortado pese a que lo ha mejorado bastante es un golpe muy importante en superficies rápidas –no tanto en Roland Garros–, debe dar mayor profundidad para forzar el error de sus rivales como hace Federer. Volea: Siempre es un golpe difícil de analizar puesto que la confianza juega un papel importante. Pese a que se ven menos voleas en Wimbledon que años pasados todavía es un arma a tener en cuenta, ya que un golpe bien hecho de este tipo es medio punto en la resbaladiza hierba. Fijándonos en las estadísticas del último Wimbledon, a medida que ha ido avanzando el torneo, ha entrado más a volear y con más acierto. Ha mejorado este aspecto porque saca más rápido y sube con más decisión de lo que hacía, pero todavía tiene mucho margen de mejora. Cómo ha mejorado su juego Mentalidad: Se podría decir que lo mejor que puede hacer es no perderla. Seguramente sea el número uno en este aspecto, y es que encontrarse en el mismo lado del cuadro que Nadal en un torneo puede llegar a ser un tormento para la mayoría de los jugadores. Su concentración es un castigo para sus rivales que les hace tener que estar completamente metidos en un partido, sin apenas oportunidades para desestabilizar al balear. Su partido contra Soderling de este año demostró (jugado con parones por lluvia durante cuatro días) que la fortaleza mental es un arma tan importante en Wimbledon como un saque directo. El resto: Sigue siendo un gran talento en el resto, siempre muy agresivo. En tierrra, Rafa aprovecha cada oportunidad que tiene para presionar al rival y conseguir un ‘break’ a favor (por eso siempre elige empezar restando los partidos). En hierba, su resto se convierte en definitivo, pero muchas veces solo es posible bloquear la bola para devolver un servicio (otras veces ni eso), puesto que te enfrentas a jugadores que no te permiten jugar el punto y te echan abajo toda la preparación que hayas realizado, por eso es importante estar metido mentalmente en el partido. En la última final contra Federer, actuó con mucha valentía y de manera casi impecable, entrando a restar muy metido en la pista para no dar ninguna ventaja al jugador suizo, es importante que en hierba siga en esta línea si tenemos en cuenta que no es un gran sacador, lo que le obliga un poco a arriesgar cuando no tiene el servicio. Físico: Su mayor mejora en este sentido no ha sido la de su resistencia o potencia física, sino la de depender menos de desplazamientos extremos para ganar puntos. Cada vez domina más el juego (por lo que él se castiga menos) y empieza a resultar más complicado verle jugar partidos maratonianos, hay que tener en cuenta que Nadal siempre aprovecha muy bien los tiempos disponibles entre cada punto para su recuperación. Desplazamientos: Su adaptación a los desplazamientos que se realizan en Wimbledon ha sido excelente pese a que el cambio respecto a Roland Garros es radical: la hierba no te permite resbalar para alcanzar una bola como suele ser habitual en tierra, por lo que la anticipación y la colocación son fundamentales para devolver los golpes del rival. También ha mejorado su capacidad de tener la flexión adecuada de sus rodillas en cada situación, la irregular hierba del All England Tennis Club suele dar botes bajos de bola que obligan a impactar la bola en posiciones incómodas. Todo esto lo complementa con un cambio en sus subidas a la red, buscando llegar a ella con zancadas largas y cerrando los huecos para un posible ‘passing shot’. Lo que le queda… 1) Convertir el revés cortado en un recurso útil: con él se mete presión al rival haciendo más fácil su fallo, además es el golpe muy efectivo para subir a la red, desde donde se ganan muchos puntos en superficie rápida. 2) No dejar escapar las oportunidades: parece imposible que se le pueda achacar esto a Nadal (que suele aprovechar la más mínima flaqueza del rival para atacar), pero en la final de este año tuvo a Federer contra las cuerdas y le dejó escapar. El suizo se recuperó gracias a la férrea fortaleza de su saque. Rafa tiene que explotar los pocos puntos débiles del suizo en hierba tan bien como lo hace en tierra. 3) Mejorar el saque: si queremos saber cuál fue el factor que hizo inclinar la balanza a favor de Federer en la última final, no queda más remedio que apuntar al saque. Como hemos dicho, Roger tiene un saque ideal para la hierba (con la potencia adecuada, variado, fluido, pero sobre todo muy colocado) En una batalla por ser el número uno del tenis no puedes prescindir del principal arma de ataque, con lo que Rafa debe insistir en utilizar más saques cortados y estar siempre bordeando los 200 Km/h en su primer servicio para aumentar el número de aces y, con ello, la cantidad de puntos fáciles en su casillero.